Texto leído en la mesa 3 del Encuentro Internacional de Redes en Apoyo al Consejo Indígena de Gobierno (CIG) en el Caracol Guadalupe Tepeyac, en la Selva Lacandona, Chiapas. México. diciembre 2018.
Por Vica Rule

¿Cómo pasar de la resistencia defensiva a las luchas ofensivas? ¿Cómo salir de la cultura de la derrota izquierdista y avanzar hacia a una cultura de triunfos políticos a favor de los de abajo? ¿Cómo ser zapatista en un país donde la mayoría ciudadana se ha desplazado hacía una opción política que, por razones de tiempo y espacio, sintetizamos como un populismo gaseoso y líquido?
Para ser precisos es necesario decir que no es el mejor momento para ser zapatista, ni estamos de moda, ni la correlación de fuerzas nos es favorable, más bien la relación con el enemigo es adversa y asimétrica. Si bien, todos aquí tenemos la claridad de ¿por qué seguir siéndolo? la pregunta central es ¿Qué tipo de zapatismo debemos construir en nuestro espacio/tiempo, en nuestro aquí y ahora, para la batalla que debemos enfrentar en el mediano y largo tiempo: ¿cómo organizarme y con quién organizarme?
Abrir el corazón a un Nosotros mayoritario
En ese sentido, las propuestas del EZLN pronto a discutirlas en el Encuentro Internacional de Redes en Chispas ya contienen parte de la respuesta y sintetizan el análisis. Me quiero referir aquí a solo dos aspectos de ellas; la primera sobre ampliar la participación del CNI “abrir ya el corazón a las rebeldías y resistencias que emergen y perseveran ese sentido,” (4).
Me parece correcta y necesaria en el sentido de que oponemos a la forma política liquida una forma política resistente (identitaria) pero con la flexibilidad necesaria para concentrar una mayor fuerza a partir de ampliar la participación de más sujetos sociales a nuestras luchas. Pasar de la limitación sectorial a una forma político organizativa abierta, incluyente y flexible.
En la ciudad de México es urgente dejar de ser sectarios y sectoriales, no solo se trata en lo formal y declarativo llamar a una participación más amplia, sino de entender que en la lucha política importa lo que hace el enemigo y los escenarios cambiantes de la batalla social e importa el lenguaje político con el que trato de comunicarme con mis aliados y con la mayoría social.
Abrir nuestro corazón para recibir, invitar y sumar otras rebeldías es construir un Nosotros más amplio, menos dogmático, ortodoxo y canónico. En el nivel ideológico es aceptar y entender que el sujeto histórico del cambio social ya no es un referente rígido e inamovible, sino un elemento más amplio, diverso e incluyente.
Entender en lo político que el nexo que une rebeldías o el nodo que despliega las resistencias ya no solamente se encuentra en relación a los sujetos mismos, ya no se trata de unificar exclusivamente luchas a partir de construcciones discursivas auto referenciales -(hablar desde y para nosotros mismos)- y de los referentes simbólicos tradicionales –(lideres o caudillos)- sino de crear relaciones vinculantes entre una resistencia con otras a partir de las demandas insatisfechas y acumuladas por la política de espada producida por un Estado canalla.
Debemos invitar a organizarnos a sujetos sociales, no solo a partir de demandas particulares, sino a partir de un mismo sentido de agravio y descontento social. Conectar y establecer nexos entre los Archipiélagos aislados. Ampliamos el horizonte de nuestras rebeldías sí, irradiamos un mismo sentido general de desencanto o insatisfacción desde nuestra forma organizativa (Redes de resistencia y alegría).
Es decir, ese Nosotros -(construcción bloques populares)- es una suma de identidades simbólicas, discursivas y políticas, también una suma de agravios, una misma cadena de exclusiones, discriminaciones y violencias. Un ejemplo sería la lucha contra la privatización del agua: los afectados -principalmente- son los pueblos comunitarios también las clases populares en las zonas periféricas de las megalópolis y los sectores de clase media urbanos.
La violencia estructural en la ciudad de México es otro ejemplo de esas afectaciones intersectoriales e interclasistas: asaltos y homicidios, feminicidios, trans feminicidios, homicidios de odio, tráficos de órganos, y trata de blanca. En síntesis, si el Estado Criminal promueve y permite una violencia generalizada: ¿por qué las resistencias anticapitalistas tienen que usar tácticas organizativas atomizadas y fragmentadas? Si el Estado capitalista en México promueve una lógica de la diferencia -(atender problemáticas en casillas distintas)-, en contrapunto las resistencias emancipadoras debemos promover una lógica de la vinculación y la confluencia.
Y aquí, no se trata de volvernos igualmente líquidos, sino seguir siendo izquierda radical, socialista y anticapitalista pero conectados y haciendo bucle con las mayorías ciudadanas; se trata dejar de ser testimoniales y dejar de asumir las múltiples derrotas como algo normal y preestablecido. Ser Zapatista en la ciudad de México, no es aceptar la derrota política como algo normal, sino trabajar para construir victorias políticas e ideológicas a favor de los de abajo y las mayorías populares.
Por ello es necesario dejar la retórica de la coyuntura y de lo inmediato, los malos análisis a destiempo a contra reloj y a destajo, los posicionamientos ineficaces y marginales, que solo consiguen unos cuantos links en las redes. No seamos tan auto complacientes: una presencia virtual limitada no es hacer política ni de la resistencia y ni de la emancipación. A veces, involuntariamente, en la ciudad de México hacemos lo que nuestros enemigos quieren que hagamos ser marginales, testimoniales y sectarios.
Lo contrario es hacer política disruptiva es decir colocar en el debate público en México aquellos temas que el Estado Mexicano no quiere debatir pero a los zapatistas si nos interesa visibilizar. Por igual, entender que la construcción de la forma organizativa (Redes) se da a partir de esas cadenas de agravios y, lo más difícil e importante, en ganar la batalla del sentido común con las mayorías ciudadanas en múltiples formas y escenarios.

Sobre la construcción de Redes
El segundo aspecto, creo en la posibilidad de la auto crítica y la auto corrección: ser rebeldes y libertarios no es desconocer nuestros errores; requerimos menos retórica y más ideas de cambio; la red, nuestra red y las redes de apoyo al CIG, son y tienen que ser más circulares, reticulares y horizontales. Ni verticales ni autoritarios. Sino ser una Red de resistencia y Rebeldía (7) metropolitana anticapitalista y anti patriarcal.
La Red es solo una forma organizativa cuya característica principal debe ser la de funcionar como un enjambre o tropel donde no hay un líder que de ordenes sino es la comunidad de individuos quien decide. Al interior puede haber una división del trabajo político, puede haber incluso una especialización de ese trabajo, pero principalmente todos dependen de todos. Lo que une es el sentido compartido y el trabajo pro común. El sentido de sobre vivencia y de cooperación social. Por ello en la Red no hay un centro cada integrante lo es, cada uno es parte de un mismo proceso y una misma cadena vinculante.
Sobre la propuesta del nombre, no solo se trata de un cambio de nomenclatura; las palabras cuentan, son significados y significantes, el concepto de la Red en términos políticos tiene un significa preciso, en la Red no hay dirigentes, no hay caudillos, no hay representantes: no hay porta voces es el colectivo, los sujetos sociales los que cuentan y se expresan mediante una voluntad colectiva, comunitaria, barrial y ciudadana.
En la Red no es el tiempo de vanguardias, los todólogos y los metodólogos no hacen mucho daño, los protagonismos son insignificantes la grandeza se encuentra en saber escuchar, en hablar y predicar con el ejemplo, “en bajar no en subir» en representar y no suplantar, la posibilidad de avanzar se encuentra en la medida de empezar a construir en los espacios inmediatos la utopía igualitaria por eso en las Redes no caben las imposturas, no se trata de enseñar sino de acompañar, contribuir y apuntalar.

En las Redes que nadie hable por las mujeres sino las propias mujeres, que nadie hable por las victimas sino ellas mismas, que nadie represente a los indígenas ni a los de abajo sino acompañarlos en la construcción colectiva de su propio e insustituible sueño emancipador, un mundo plural y abierto a muchos mundos.
Vica este es un anàlisis correcto, pero es màs un llamado a la acciòn constructiva de horizontes històricos en la lucha concreta de las redes en su espacio natural de vida polìtica, es decir su entorno inmediato. Gracias por tus palabras, es grato tenerte como compañera.
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Estimado Guillermo gracias por tu comentario intentamos contribuir a una reflexión colectiva sobre el proyecto de las redes en apoyo al Consejo indígena de Gobierno con la característica de que esta reflexión nace desde la misma acción de lo que bien señalas tú como «entorno inmediato» Saludos afectuosos.
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