Marichuy: la razón plebeya.

Primer vector: Marichuy o la otra voz

“Nuestra pálida Razón nos oculta el infinito

Queremos mirar

La duda nos castiga”

Arthur Rimbaud

La postulación el 28 de mayo de 2017 en la Universidad de la Tierra (CIDICI) de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, de María de Jesús Patricio Martínez más conocida como Marichuy por parte del Congreso Indígena de Gobierno (CNI) y de su Concejo indígena de Gobierno (CIG) para ser su vocera en el proceso electoral del pasado 1 de julio del 2018 fue una profunda ruptura en la historia de nuestro país, por lo menos por tres vectores principales, el primero tiene que ver con su perfil de mujer, indígena y originaria de la comunidad de Tuxpan, en el occidente del Estado de Jalisco en México.

 En un país donde los valores culturales gravitan en lo patriarcal, en las discriminaciones ancestrales y en el racismo arraigado en la vida social este simple hecho ya contiene una alta capacidad disruptiva y transformadora. Por eso para la mayoría de los medios de comunicación fue una sorpresa porque el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) quien propuso al CIG tener una precandidatura indígena abandono la postura tradicional de no participar en procesos electorales federales.

Ese giro táctico movió el tablero político agotado y acotado en las opciones electorales tradicionales entre el bloque de las derechas en alianza a la “izquierda” neoliberal, el desgaste del bloque oficial en el poder y la irrupción de una fuerza política nueva a partir de una simpatía creciente a favor de la figura de un caudillo.

Esas opciones electorales tradicionales no reflejaban la pluralidad política y social de nuestro país. Más aún ocultan la existencia de un movimiento social que se expresa en una multiplicidad de rostros y expresiones políticas e ideológicas pero que tienen un denominador común y una misma cadena de equivalencias en la búsqueda de los derechos sociales, en la lucha contra los megaproyectos o  en la defensa de las tradiciones  comunitarias.

El cambio del CIG y el EZLN y la propuesta de la precandidatura de Marichuy motivo una reacción discriminatoria, principalmente, de los grupos políticos de la derecha y medios oficiales de comunicación. Esta campaña incluyo las voces de algunos intelectuales como John Ackerman quien, de manera estridente, en su video columna “La batalla por México” simplifico la propuesta de Marichuy y dijo: “Quizás, este cambio de táctica de parte del ejercito zapatista podría implicar la misma estrategia de siempre de dividir a la izquierda con la finalidad de negociar con el poder para dejar las cosas tal y como están”

El historiador Lorenzo Meyer en un tono más conmiserativo, en entrevista con Mardonio Carballo en el programa ConversAfondo aseveró: “vienen de atrás, de mucho más atrás que eso, y buscan una forma de vida que no corresponde a los partidos tradicionales están pidiendo, a lo mejor, la utopía que persiguen es muy distinta,….la utopía de una vida comunitaria afuera del capitalismo… es otra cultura y se está extinguiendo…viven muy en su mundo y es un mundo muy acotado…”

En síntesis la izquierda light y Christian Dior miró con suspicacia, recelo y reserva que una mujer pobre e indígena se atreviera a ser vocera y precandidata a las elecciones federales. Mi reflexión es que en los propios espacios de esas «izquierdas» partidarias existe la contradicción entre lo que se enuncia y lo que se hace, entre lo meramente discursivo que puede ser incluyente y una práctica real donde el clasismo, los grupos de interés, las castas, el racismo cultural y la cultura política piramidal determinan la preferencia entre quien, finalmente, es o pude ser candidato.

La irrupción de liderazgos auténticos por la vía interna de los partidos o por el camino abierto de las candidaturas independientes, entran en contradicción con las tradiciones verticales y autoritarias en los propios espacios de la izquierda partidaria. Los argumentos formales siempre han sido los mismos para aplazar la democracia interna: “es un desgate” “nos divide” esos son los caballitos de batalla para desaminar, bloquear o impedir la verdadera la participación democrática, popular, ciudadana.

Por el contrario, la experiencia de Marichuy es un ejemplo de un ejercicio democrático de alta calidad -(ejercicio de democracia formal/representativa, ejercicio de democracia participativa y ejercicio de democracia comunitaria)- que ningún precandidato oficial o los “independientes” oficiales puede presumir o demostrar.

La legitimidad, la fuerza ética y el ejemplo democrático de la campaña o llamado para organizarse “votes o no votes organízate” del CNI y el EZNL a través de su vocera más que el “huevo de la serpiente” fue y es la semilla de oro para una transformación real de nuestro país a partir de una cultura democrática que predica desde y con el ejemplo. Una transformación del escenario actual de profunda injusticia y desigualdad pero desde la propia iniciativa de organización de los abajo y excluidos.


«Conectando con los procesos organizativos»
Fotografía Fernanda López
Conversatorio Marichuy: la razón plebeya
Encuentro Nacional e Internacional de mujeres que luchan.
ciudad de México, 17 marzo 2019

Segundo vector: por una democracia con sustantivos 

El segundo vector tiene que ver con la concepción fosilizada, limitada y mafiosa de la democracia de la clase política en su conjunto. En la actualidad no hay un camino abierto para que las opciones verdaderamente ciudadanas puedan llegar a postularse a puestos de elección popular por  parte o a través de los partidos políticos registrados. Porque, hasta ahora, las formas de elección interna tienen que ver con formas políticas obsoletas, verticales e incluso delincuenciales en menoscabo con formas políticas de elección verdaderamente democráticas, participativas e incluyentes.

Las listas a modo, digitalizadas, las tómbolas, las encuestas misteriosas, la compra de candidaturas con dinero licito o ilícito, las recomendaciones personales, las cuotas de grupo, las castas y familias políticas mantienen sus intereses y bloquean e impiden el acceso al poder público y limitan la voluntad individual o colectiva favorable a un impulso democrático popular, impulso creciente que está en la sociedad mexicana pero no en la voluntad de una clase política enquistada en sus propios intereses.

En sentido contrario, la aparición pública de Mari chuy proporcionó un significado político e histórico radicalmente distinto,  porque es designada vocera del CIG y del CNI como parte de un proceso histórico de organización social que tiene que ver con la fundación en 1996 del Congreso Nacional Indígena que en su etapa actual y mediante un proceso interno plenamente democrático, popular, participativo y comunitario mandata a María de Jesús Patricio Martínez Marichuy como su vocera  en el proceso preelectoral el 2018.

Esta designación o mandato de Marichuy por parte del CNI fue un acto inédito para la cultura democrática de nuestro país; porque ella fue electa dentro de un ejercicio de elección interna a partir de una forma política organizativa muy avanzada y desconocida para el propio sistema tradicional de partidos.

Fue un ejercicio democrático formal -(elección interna para una precandidatura a las elecciones presidenciales del 2018)-, pero, al mismo tiempo, fue un ejercicio ampliado de democracia participativa y popular porque conto con la participación de sus bases de apoyo. Una muestra anticipada de las potencialidades de una democracia en su sentido comunitario y plebeyo.

Si bien, Marichuy no llego a la boleta en las pasadas elecciones presidenciales ello no significó una derrota, ya que el objetivo, se dijo desde el principio no era tomar el poder, sino visibilizar y organizar a los pueblos originarios; la campaña de firmas por Marichuy mostró una forma otra de hacer política en México, un despliegue organizativo que va desde el segmento de los pueblos originarios que integran al CNI pero que irradio simpatía y adhesión a muchos otros sectores de la población mexicana.


«Reconociendo la importancia de la lucha. «
Fotografía: Fernanda López,
Conversatorio, Marichuy: la razón plebeya. 2019

El CNI, el CIG,  las redes de apoyo a Marichuy, el EZLN, la Sexta y otras organizaciones acompañantes pusieron en práctica una nueva táctica organizativa que consistió en salir de su núcleo duro de simpatizantes y apelar a un dialogo más abierto con diversos sectores de ciudadanos, sobre todo, con segmentos urbanos más proclives a la participación electoral y más habituados a los referentes de una democracia representativa y formal. Conectarse con una amplia mayoría ciudadanía descontenta, cada vez más, de los megaproyectos de muerte, de la crisis de los derechos humanos, de la crisis de representación de una clase política rapaz y del fracaso del proyecto neoliberal de cuates en México.   

De ahí la molestia y la incomodidad de muchos seguidores de la candidatura de López Obrador. Molestia que incluye a integrantes de las izquierdas oficiales,  académicas y descafeinadas. Esa molestia se dio porque Marichuy no llega a la boleta, es cierto, empero por obstáculos tecnológicos en sus bases de apoyo, por el diseño altamente discriminatorio de las elecciones, por la falta de logística y experiencia electoral, por la falta de recursos económicos entre otras cosas, pero nunca por falta de simpatizantes ni adhesiones a su proyecto de lucha indígena. Marichuy fue y es un referente simbólico, ético y político que despertó una amplia adhesión en diversas capas de ciudadanos mexicanos que reclaman un cambio auténtico en la vida pública de nuestro país. 


«Respirando el feminismo»
Fotografía: Fernanda López
Conversatorio: Marichuy: la razón plebeya.
Encuentro Nacional e Internacional de Mujeres que luchan
ciudad de México, 17 de marzo 2019

 La campaña a favor de la candidatura de Marichuy en este 2018 mostro la potencialidad de una fuerza organizativa y visibilizo la necesidad de un proyecto alternativo fuera del sistema tradicional de partidos, y de la clase política mexicana. Mostró la creatividad y la capacidad organizativa de los de abajo para crear formas organizativas propias y formas políticas inéditas.  Lo más importante, la capacidad de articular una narrativa original, una palabra propia que expresa una voz común y emancipadora. 

El significado profundo de esa ruptura consiste en el mensaje político enviado por el CNI a otros bloques populares y ectantes de la sociedad. Los de abajo, los pobres y sectores más olvidados de nuestra historia, desde la conquista por parte del Imperio Español hasta los marginados del neoliberalismo actual, rompen en el discurso y en la acción con el cordón umbilical, la subordinación histórica y tradicional de las clases dominantes y privilegiadas con el monopolio de poder político, económico, financiero, mediático.[1]

Es decir con el poder hacendario patrimonial histórico. Con ese poder, ilegal e ilegitimo cuya esencia más violenta y simbólica radica en la apropiación de todo lo que su mirada pueda alcanzar. El Congreso Nacional Indígena, el Consejo Nacional Indígena por medio de su vocera Marichuy expresan y ratifican un no definitivo a ese poder hacendario histórico patrimonial.

Más aún, desde el periodo la conquista, el nacimiento y desarrollo del México independiente, el Porfirito, la Revolución Mexicana, la posrevolución del siglo veinte, el llamado periodo estabilizador y el periodo neoliberal por primera vez, los de abajo y los más discriminados levantan su voz, quieren ser protagonistas de su historia, no quieren un mejor gobierno sino ser su propio gobierno.

Esa es la razón plebeya el conflicto inevitable de los de abajo con los de arriba, de los intereses entre los que ocupan la amplia base de nuestra pirámide social y una minoría rapaz, depredadora, oligárquica. Como en la alegoría de Platón los de abajo quieren mirar arriba y descubren la posibilidad de otro mundo. Ante la obscenidad, la frivolidad y la inmoralidad de esa minoría que entrega la riqueza nacional al extranjero los de abajo deciden luchar, organizarse, analizar su realidad, compartir su palabra y ampliar sus alianzas. Marichuy es el referente simbólico que condensa esas rebeldías.


«Compas medias, alternativas, autónomas o como se llamen»
Fotografía: fernanda López
2019

El consenso pasivo de los de abajo se empieza agrietar en México. Por eso su rebeldía no quiere ser individual sino colectiva. Ahí está su proceso de emancipación y liberación. Su radicalidad y la naturaleza de un cambio profundo que marcará y dará cauce a las nuevas configuraciones sociales y referentes de la historia social en México.

Tercer Vector: la insubordinación de los de abajo.

Un tercer vector de la ruptura que significa la aparición de Marichuy en la vida pública de México no es menos profundo que los dos anteriores, lo es porque su participación en el pasado proceso electoral significó la irradiación  de una nueva perspectiva histórica de nuestro país.

Perspectiva u horizonte que surge a partir de una inédita voluntad colectiva, popular, des-tituyente de la envejecida representación de los de arriba y constituyente de un nuevo modelo de representación que los incluya. Esa es la voz de los de abajo que ya no quieren estar abajo y pasar de la subordinación tradicional, de la abdicación histórica de su propio destino a la construcción de una idea alternativa de la democracia, de la práctica política colectiva y de la construcción de una forma organizativa otra.

Un México diferente es posible, donde una mayoría excluida e invisible ocupe la centralidad en la toma de decisiones de soberanía nacional, en la construcción de poder alternativo, en la defensa de los derechos sociales y en la construcción de un modelo alternativo de país.

 Ese es el horizonte utópico alternativo y la opción concreta de lucha organizada en la plaza comunitaria, en la calle, en la universidad; por la defensa de la tierra, el agua, de las montañas, los árboles, la vida. Es la opción de un gobierno otro; autonomía, auto organización colectiva comunitaria, social, participativa, deliberativa. Son elementos fundamentales de esa nueva voluntad a favor de lo social, lo colectivo y de lo universal.

Frente al relato conservador y el canon revolucionario propio de las izquierdas que heredamos del siglo veinte, la otra izquierda -(la auténtica y necesaria)- se mueve, resiste, sobrevive en el mapa trazado por los movimientos sociales y bloques populares, en los espacios abiertos por las resistencias comunitarias, urbanas, estudiantiles, sindicales, barriales o en las movilizaciones ciudadanas por la justicia contra el feminicidio, las desapariciones forzadas o la libertad de los presos políticos.

A pesar de la narrativa de los grandes poderes comunicacionales, ahí está esas otra izquierda social manifestada en cada movilización o protesta callejera, en las redes ciudadanas que se reúnen a partir de la solidaridad y en la memoria colectiva y sus fechas simbólicas: 2 de octubre, 10 de junio o un 26 de septiembre, en las irrupciones estudiantiles y su capacidad para cuestionar a las autoridades.

El CNI fundado 1996 es parte de esos múltiples rostros de los movimientos sociales. No es todo el movimiento social pero si concentra las voces de los más olvidados y excluidos de la historia oficial. La voz de los sin voz, el rostro cubierto o descubierto de los que no tienen quien los mire ni escuche.

Una flor en el jardín de la rebeldía

Marichuy es una mujer indígena, médica tradicional, integrante y vocera del Concejo Indígena de Gobierno que a su vez es parte del Congreso Nacional indígena (CNI). A partir de una consulta con sus bases y de un proceso amplio de reflexión y decisión colectiva, orientados por los siete principios que comparten con el EZLN y desde un profundo sentido de comunidad propio del pensamiento indígena, la mandataron para ser su vocera dentro del proceso electoral pasado.

Este mandato parte y expresa la fuerza de un feminismo comunitario e indígena que en los momentos más difíciles de la lucha social ha salido al frente de varias movilizaciones. En ese marco cultural e histórico y en las propias coordenadas del pensamiento indígena es cómo podemos entender plenamente el significado de lo que fue esta iniciativa.

Marichuy es una voz que representa muchas otras voces, es la voz de las mujeres indígenas que luchan en la defensa de su territorio, su cultura y sus comunidades; es la palabra de los pueblos originarios, al mismo tiempo, la voz de las mujeres que luchan contra la discriminación ancestral y patriarcal en sus propias comunidades y espacios de lucha: “…pues hay hombres que se sienten dueños de las mujeres. Esta ya es mi esposa y ya no le vuelve a hablar a nadie… Hay mucho alcoholismo y golpean a las mujeres” nos recuerda Guadalupe Vázquez Luna, Concejala tzotzil de Acteal, Chiapas.[2]

Es la voz de las mujeres indígenas que expresan la necesidad de proteger las tierras comunales de la depredación y la invasión de los buitres trasnacionales que destruyen los ejes de su cultura comunitaria. La voz de Marichuy y las de las otras mujeres del Consejo Indígena de Gobierno – (Roció Moreno, Guadalupe Vázquez, Osbelia Quiroz, Bettina Cruz, Magdalena García, Maricela Mejía entre muchas otras)-, es la irrupción de una voz por la defensa de la vida, el agua y los recursos naturales.

Una voz por lo común que tiene la fuerza de una narrativa otra, de una racionalidad diferente y alternativa contra y frente a la normalización de la catástrofe medioambiental, contra una racionalidad destructiva y autodestructiva que asume el progreso como dogma y fe: “…vienen a terminar el trabajo llegando a las entrañas al territorio, destruyendo a nuestra madre tierra con las minas, los gasoductos, las termoeléctricas, con estas plastas de cemento que son las autopistas…”[3] apunta Osbelia Quiroz luchadora y defensora de las tierras comunales de Tepoztlán.

 La fuerza de esa voz se da en el maridaje feliz entre lo individual y lo colectivo. Es una reacción contra el sentido neoliberal. Y la producción de un nuevo sentido a favor del bien común dentro de un cuidado medio ambiental. La voz de las mujeres indígenas es una voz a favor del derecho a la vida y contra el modelo depredador que saquea al país, destruye territorios, envenena lagos y ríos: esa es la voz de Marichuy y demás mujeres del consejo indígena de gobierno.

Una voz radical, de los de abajo y de una izquierda de necesidades urgentes. Que muestra que un México distinto es posible. Menos injusto, con menos pobres y discriminados. La voz de los sin voz. Es el otro México, la voz de un país profundo que, por un momento, a través de la experiencia histórica y del andar de Marichuy, vislumbró el principio de esperanza, una utopía difícil pero factible, un horizonte alternativo de país que los incluya, reconozca y encuentre.       


«Una luz para compartir, para iluminar el camino, para resistir, para luchar, para incendiar al sistema capitalista y patriarcal»
Fotografía: Fernanda López.

[1] Para una reflexión más amplia de este argumento, véase mi ponencia  “Cartas a un joven revolucionario” presentada en el Foro reflexivo: Perspectivas de la lucha de clases en el 2018, Puebla, 2017. Disponible en victoriarule.blogspot.

[2] Gloria Muñoz Ramírez, Flores en el desierto, mujeres del Consejo Indígena de Gobierno. México, 2018.

[3] Ibíd.

Quién mató a Samir

Una reflexión necesaria y pertinente del periodista mexicano Arturo Rodríguez García

Avatar de Arturo Rodriguez GarcíaNotas sin pauta

Arturo Rodríguez García

La noticia se difunde rápido. Samir Flores fue asesinado este 20 de febrero. Lo fueron a buscar a su casa, en Amilcingo, como a las 5:00 de la mañana. Salió nada más para que le dispararan cuatro veces que quizás no alcanzó a contar porque dos impactos le dieron en la cabeza.

Último episodio de nueve años de agresiones. En septiembre de 2012, el movimiento que se opone al Proyecto Integral Morelos (PIM), se había mantenido acampando en las afueras de la comunidad de Huexca, en Yecapixtla Morelos, para evitar el paso de maquinaria que intentaba irrumpir en ese paraíso de barrancas y campos de cultivo.

No hubo consulta previa, libre e informada; el propio Manifiesto de Impacto Ambiental revelaba la peligrosidad de construir un gasoducto en la zona del volcán; se pretendía invadir tierras sin más y, en conjunto, se violaba toda una gama de derechos…

Ver la entrada original 720 palabras más

La palabra inobediente: asesinatos de periodistas en México.

Inicia un nuevo sexenio en México y un tema olvidado, en la agenda pública oficial, ha sido la libertad de los derechos humanos de  periodistas mexicanos. Se fue Enrique Peña Nieto sin resolver ni esclarecer los asesinatos de Rubén Espinoza, Miroslava Breach o Javier Valdés ni de los cientos de asesinatos y desapariciones de comunicadores a lo largo del país.

Por ello el pasado 29 de noviembre del 2018 (en el cumpleaños de Rubén Espinoza) se realizó una protesta simbólica afuera de  las instalaciones de la Procuraduría General de la República en la avenida Reforma de la ciudad de México.

El pase de lista de cientos de periodistas asesinados,desaparecidos y desplazados recordó la gravedad y los peligros para ejercer el periodismo en México.

La palabra compartida de desplazados y familiares de la victimas proporcionó una fuerza ética a la exigencia de justicia para esta grave violación a los derechos humanos y a las libertades de expresión. Esa exigencia de justicia por parte de los familiares de las víctimas incluyó al nuevo gobierno.

Cabe señalar que el tema de los asesinatos y desapariciones de periodistas mexicanos fue una ausencia y vacío en el discurso de toma de posición del nuevo Presidente el pasado 1 de diciembre en la Cámara de Diputados. ¿Una señal anticipada de la continuidad de la impunidad y la violencia? o un preámbulo silencioso en la construcción de una política de Estado que atienda estos graves e ignominiosos rezagos.

La fe en lo imprevisible: Sobre las huelgas de Matamoros y el feminismo en México.

Por Vica Rule

La historia siempre es un escenario de sorpresas y el actual surguimiento de las huelgas obreras en el norte del país es muestra de ello. El tema poco a poco se ha ido liberando de veto inicial en los grandes medios de comunicación. Frente al silencio y escepticismo de tirios y troyanos, de sectores oficiales e, incluso, de segmentos de las izquierdas sociales. Para la mayoría de mexicanos ha sido una irrupción inesperada. Empero, pese a la fuerza del movimiento y la legitimidad de sus demandas laborales solo algunos colectivos y movimientos afines rápidamente han mostrado un apoyo autentico a los huelguistas.

La sorpresa para los sujetos políticos y medios oficiales de comunicación se explica porque centralizan su atención en el análisis y los diagnósticos en torno de la macro política: el balance del nuevo régimen, las oposiciones a los megaproyectos, el nuevo presupuesto, las tácticas sobre el huachicol, el extravío de los comentaristas oficiales sobre Venezuela, los nuevos casos de corrupción, la teatralidad de las mañaneras.

No hay tiempo para la observación de los movimientos sociales, no hay tiempo para la reflexión de los reclamos ciudadanos tomando en cuenta el marco histórico, el espacio complejo de la geo política. La prisa y la inmediatez es la estupidez política de nuestro tiempo mexicano.

Tanto derechas e izquierdas no tienen tiempo para pensar en los indignados de carne y hueso; en las voces inconformes que gritan justicia. No hay pausa posible para detenerse a reflexionar sobre los malestares sociales y las nuevas configuraciones sociales. No hay tiempo para escuchar nuestra voz individual o colectiva: para escuchar el latido del corazón, lo esencial es invisible a nuestros ojos.

En lo anterior hay una paradoja porque muchos movimientos sociales, se ubican en la resistencia contra los ataques del proyecto neo liberal en México pero no pueden pasar de las luchas defensivas a las luchas ofensivas, de la minoría gregaria a las mayorías incluyentes, de la crítica anticapitalista a la construcción de referentes alternativos. En ese pragmatismo coyuntural soslayan a estos movimientos como coyunturales y evanescentes.

Sin embargo, hay un aprendizaje en todo ello, radica en que las demandas insatisfechas como las laborales en Matamoros no tienen el tiempo, ni dependen de los colectivos ni resistencias anticapitalistas organizadas, son autónomas y responden a los procesos sociales en su propio tiempo y espacio. En ello hay pros y contras, ventajas y desventajas.

Un aprendizaje mayor tiene que ver con la loza de pesimismo que hay en los activistas y militantes de los bloques de las izquierdas sociales en México. Un pesimismo que proviene más del corazón que de la inteligencia, de una subjetividad herida que de la posibilidad o imposibilidad de la esperanza. Las huelgas de Matamoros y el resurgimiento de la lucha feminista también pueden verse como intersticios y posibilidades para ampliar el camino del avance social a favor de principios laborales. Como un proceso abierto a derrotas pero también a triunfos políticos. Sí los obreros salen a las calles se fortalecen los derechos sociales; si las mujeres se manifiestan la clase política se vuelve obsoleta.

 

La marcha feminista del pasado 2 de febrero en la ciudad de México fue una sorpresa agradable por la capacidad de auto convocatoria que mostro, evidencio el divorcio entre el discurso de los políticos y las voces ciudadanas inconformes e indignadas. Una vox populi que se propaga como rumor en las marchas de mujeres: la construcción de un tímido y lento sentido común; nos están matando y la única defensa posible es la organización colectiva, la autodefensa ciudadana, la voluntad popular porque a los políticos ya no les duele las víctimas, no nos miran, ni escuchan.

Ambos movimientos son políticamente saludables porque son una bocanada de aire fresco en la vida pública nacional, nos regresan la esperanza en el futuro, la fe en lo imprevisible, porque en un escenario político actual donde las piezas del nuevo poder hegemónico ya están determinadas y los bloques opositores se reconfiguran o desaparecen. Estos movimientos populares y expresiones organizativas de la sociedad civil son los protagonistas que no han sido invitados a historia nacional: las víctimas y sus acompañantes que hoy salen a las calles a gritar justicia son las voces del México real que muestran la ficción de un México inventado por la clase política y los oligopolios mediáticos. Por eso en nuestro país, hoy ser utópicos es ser realistas

El zorro y el erizo (Sobre las disputas zoológicas entre AMLO VS EZLN)

Por Vica Rule.

Sobre el Diurno a AMLO de Toledo.

Algunos compañeros me han preguntado mi opinión sobre los artículos de Víctor M. Toledo entorno al EZLN, les digo que al único Toledo que he leído es el poeta de la generación de los cincuentas Víctor Toledo, magnifico escritor, editor y traductor de literatura Rusa. Para evitar mi evasión y conocer mi opinión me han enviado un artículo titulado “El esplendor de AMLO y el ocaso del EZLN”. Publicado en La Jornada (1-15-2019).

Desde el título, las metáforas (Sol-Ocaso-) y el léxico  que utiliza el autor -(Magia, épica anacrónica, acto estelar, entrega alegórica, lamentos, rabia)- de este texto me parece más propio de una apología literaria decimonónica dentro de la corriente del romanticismo mexicano -(insistía en mi analogía poética)-. Para ser sinceros y directos no me parece que el texto alcance un nivel serio de análisis político e ideológico. 

Un análisis político solvente parte de razonamientos concretos, de evidenciar una problematización importante, de un mínimo modelo argumentativo y de conceptos ideológicos claros e inequívocos. El breve texto de este autor es solo una opinión verbal poco informada, donde no usa con exactitud los datos que él proporciona por una falta de rigor u otro motivo.

Su texto está lejos de pertenecer al género del artículo político, más bien es una prosa alegórica sobre su leitmotiv; si Acuña escribió su Nocturno a Rosario: (“¡Pues bien! yo necesito /decirte que te adoro/decirte que te quiero/con todo el corazón; /que es mucho lo que sufro, /que es mucho lo que lloro,) Toledo escribe un diurno a AMLO: “los acontecimientos sitúan al obradorismo como un sol naciente que ofrece esperanza!”

Lo anterior es válido y hay que respetar los demonios literarios o ideológicos de cada quien. Sobre el tema de la ilusión en la política considero que “El peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento”. Pero si, en términos estéticos lo publicado por este autor me parece irrelevante, dentro de una perspectiva política y ética es necesario reflexionar y precisar algunas afirmaciones del ejercicio de prevaricación [1]que Toledo hace en su Diurno a AMLO.

Sobre la narrativa neoliberal

La historia se ha acabado.

 Francis Fukuyama

No habrá revolución, es el fin de la utopía

que viva la bisutería.

J. Sabina.

Desde el siglo pasado la derecha y las fuerzas conservadoras promovieron la hegemonía de una narrativa neoliberal consistente en el colapso del fin de las ideologías y del socialismo real. Ese final y tránsito a lo posthistórico proclamado por Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia y el último hombre (1992) fue una de las principales fuentes de autoridad académica para la argumentación de esa narrativa.

El politólogo vidente norteamericano se basó en sus interpretaciones en la idea del fin de la historia de Hegel quien afirmaba que después de resolverse las contradicciones existentes en la sociedad se llegaba a el fin del conflicto. La caída del muro de Berlín y el colapso de llamado socialismo confirmaban el inicio y el triunfo del liberalismo. En esa perspectiva se fundamentó el triunfo universal de la utopía neo liberal. Triunfo universal de la democracia formal y del liberalismo económico. Ninguna opción era posible fuera de esa perspectiva, ninguna alternativa podría oponerse a ella.

En realidad ese final de los relatos era un relato más. Nunca una verdad histórica ni científica sino una interpretación más que se convirtió en una metafísica y. en cierta medida, en una visión teleológica de la realidad. Es decir un Dogma de fe. Con un Dios Universal: el mercado.

A contrapelo en 1994 el EZLN, demostró la ficción de esa meta-narrativa, la inexistencia de un consenso, la historia no había llegado a su fin, sino, por el contrario, se abría un periodo de mayor profundización de los conflictos sociales e históricos. El alzamiento del EZNL en el 94 es, en realidad, el inicio del nuevo siglo y milenio dentro de los movimientos sociales y las resistencias anti neoliberales.

Fue una ruptura y parteaguas histórico a nivel planetario la influencia y reconocimiento público de ello es innumerable. Las actuales resistencias anticapitalistas y sus posibilidades de emancipación parten del referente zapatista. Se puede estar o no de acuerdo con los límites y alcances de sus proyectos autonómicos, pero no se puede soslayar su contribución notable de abrir una posibilidad real e instrumental de un mundo fuera de la pesadilla neo liberal: un mundo donde quepan muchos mundos.   

Además, desde el inicio del ciclo histórico de los gobiernos progresistas de américa latina y del llamado socialismo del siglo veintiuno evidencio más la crisis del modelo universal del liberalismo político y económico, la crisis del proyecto de la globalización neoliberal y la profundización de las contradicciones y los conflictos  sociales.

Las predicciones del vidente-politólogo norteamericano fueron desmentidas por la realidad histórica del presente siglo: ni asistimos al fin de la historia, ni al fin de las ideologías. Empero, el enfoque de Toledo para descalificar al EZLN, quedo anclado en esa vieja perspectiva, de la cuál él mismo Fukuyama en su última etapa ha iniciado un proceso de auto crítica e incluso ha aceptado el regreso del socialismo.

Las declaraciones de Toledo sobre el EZNL son un punto de vista mal desarrollado pero se inscriben en ese relato del conservadurismo y las derechas neo liberales. No entiende que el conflicto global actual en el siglo veintiuno se da entre la profundización de la pesadilla neo liberal que incluye su modelo de democracia formal-fósil y las resistencias anti neo liberales y anti capitalistas.    

En realidad “la formula político-electoral y la político-militar” señalada por Toledo es un planteamiento propio de la guerra fría en el siglo pasado. Un razonamiento en mucho del discurso mediático: la llamada guerra sucia de los setentas en México más que un alzamiento que postulara la vía política militar, fue un exterminio del Estado mexicano contra los pobres que simplemente reclamaban derechos políticos y derechos sociales. La vía armada fue una forma defensiva a posteriori del terrorismo de Estado no una construcción utópica.

La prevaricación de Toledo consiste en que nunca el EZLN ha planteado una tesis sobre la vía armada a la toma del poder, ni siquiera la toma del poder del Estado. Ni siquiera un abandono de la vía político- electoral, a lo que ha renunciado es a la simulación democrática,  al teatro de la política, al ingreso de un sistema electoral auspiciado y controlado por mafias. Por el contrario, desde la Primera Declaración de la Selva Lacandona en el 94 hablaron de “elegir democráticamente a sus autoridades” 

En ese posicionamiento el zapatismo no ha estado nunca solo es el mismo razonamiento que han compartido diversos intelectuales, periodistas, artistas y académicos. Por ello, cuando se dice: “nuestros sueños no caben en sus urnas” debe entenderse como una denuncia de la falsificación democrática, del ejercicio de una democracia fósil o sencillamente al fraude electoral.

La verdadera propuesta zapatista y de sus aliados en Congreso Indígena es a la organización desde y para los de abajo, ello desde una pluralidad política que reconoce cada quien a sus tiempos y modos: “Votes o no votes, organízate”

Sobre el racismo y la visión conservadora de Toledo

Una forma de racismo y discriminación  que hay frente a los pueblos y culturas indígenas es no reconocer los avances, dificultades y aportaciones de sus propias formas de organización entre ellas las democráticas. Este autor ofrece un planteamiento falso y cifras inexactas para afirmar: “Por un lado, el número de votos obtenidos por su candidata en 2018. Los 200 mil votos recabados, representan menos de 1 por ciento de los recibidos por el candidato ganador (30 millones)”

En realidad las firmas alcanzadas por Marichuy no fueron 200mil como afirma Toledo, sino, según cifra oficial del INE 281,945, además la falacia consiste en comparar firmas de una candidata independiente con los votos finales del candidato ganador. Son cosas diferentes y cifras relativas, no absolutas.

Si hacemos un ejercicio comparativo correcto entre los filtros democráticos de Marichuy para poder llegar a participar en el proceso electoral y los candidatos de los partidos políticos oficiales a la contienda final entre ellos AMLO, tenemos por un lado que Marichuy llego a ser Vocera pre candidata mediante un proceso de elección interna del CNI, y una ratificación ciudadana expresada mediante más de un cuarto de millón de firmas no apócrifas a diferencia de los “independientes” que llegaron a la boleta final con firmas inauténticas.

Marichuy fue la participante que menos porcentaje tuvo de firmas rechazadas, las que menos auditorias solicito y que mayor porcentaje tuvo entre el número de registros revisados y ratificados. Ejemplo: Margarita Zavala en 10 audiencias reviso 376,870 registros para que le subsanaran 35,103 firmas, por su parte  Jaime Rodríguez Calderón solicito 12 audiencias para revisar 392,501 registros y  le subsanaron 48,334 firmas. Por el contrario, María de Jesús Patricio Martínez no hizo ninguna trampa ni compra de firmas y en 6 audiencias se revisó:  11,425 registros anulados de los cuáles 8,007. le fueron subsanados.

Ningún candidato independiente mostro esa transparencia en la recolección de firmas y ningún candidato de los partidos oficiales llego a la boleta de la contienda presidencial con esa legitimada y la calidad democrática mostrada por Marichuy, el CIG, CNI y sociedad civil que la acompaño.

La experiencia de Marichuy es un ejemplo de un ejercicio democrático de alta calidad -(ejercicio de democracia formal/representativa, ejercicio de democracia participativa y ejercicio de democracia comunitaria)- que ningún pre candidato oficial o los candidatos ganadores en todos los niveles puede presumir o demostrar.

Además, los representantes de medios de comunicación y el propio INE auditó todos los actos de campaña de Marichuy y ni una mosca de ilegalidad o dinero sucio encontró: ¿Qué partido político o candidato oficial en el pasado proceso electoral puede decir lo mismo señor Toledo?  ¿Quién tiene más vocación democrática? ¿Y quién ha demostrado en los hechos más calidad democrática? ¿Qué importa más es un verdadero ejercicio democrático el criterio de calidad o de cantidad?

El ejemplo de auténtica democracia que hizo Marichuy  quiere ser soslayado por algunos intelectuales de Estado y opinó logos profesionales porque generó mucha simpatía y adhesión en la sociedad mexicana. El miedo es que en un escenario de igualdad, de no discriminación electoral y en una competencia no controlada por la mafia política y con instituciones sólidas iniciativas como las de esta candidata indígena tienen de un potencial político incalculable.

La propuesta de Marichuy, no es “el huevo de la serpiente” sino la semilla de oro de un verdadero cambio social en México. Un cambio más profundo, radical y autentico que nuestro país necesita. Muchos intereses inconfesables hay para negar y menoscabar dicho proyecto. 

Las diatribas viscerales de Víctor M Toledo no ayudan al verdadero debate intelectual y político sobre la actual situación mexicana, no ayudan al mismo AMLO, ni contribuye a una verdadera y necesaria crítica al zapatismo. Es una forma sutil de la propaganda negra que en redes sociales se ha dado y, lamentablemente, ha hecho eco entre algunos seguidores del nuevo gobierno, quienes desde afuera de este proyecto atacan con adjetivos e insultos al EZLN.

Desde luego, existen declaraciones más equilibradas y razonables hacia el zapatismo, que han hablado de “no pelearse con el EZLN” y no justifican la guerra mediática en redes contra este movimiento. Esas voces más equilibradas tienen razón en ese llamado a no desconocer las aportaciones históricas del zapatismo a la lucha neo liberal global.

Porque el principal enemigo de todo proyecto popular en México no está en las filas del zapatismo sino en la derecha empresarial, en las fuerzas conservadoras, en los buitres financieros internacionales y en los sicarios económicos cuyos cabilderos y representantes circulan en todos los espacios de la clase política.

Debe entenderse que el proyecto de Marichuy, el CIG, CNI y las iniciativas del EZLN han sido una voz para visibilizar a los de abajo, a los más pobres y discriminados; una voz para interpretar la razón y la dignidad nacional, para mostrar al pueblo mexicano el camino posible de su emancipación. Por eso y sobre todo el zapatismo ha sido un proyecto firme, vigente y centrípeto mientras que el proyecto ganador que defiende Toledo es ubicuo, ambiguo y centrífuga y, lo más sustantivo es que, en realidad, nadie conoce ¿cuál es la brújula que lo orienta?   


[1] Utilizó el término no en el significado jurídico tradicional, sino en el uso de la teoría lingüística de usar el lenguaje para apelar una realidad no existente.

¿Rebeldes ineficaces o rebeldes creativos?

Texto leído en la mesa 3 del Encuentro Internacional de Redes en Apoyo al Consejo Indígena de Gobierno (CIG) en el Caracol Guadalupe Tepeyac, en la Selva Lacandona, Chiapas. México. diciembre 2018.

Por Vica Rule

Luchar contra la violencia patriarcal desde nuestros propios espacios.

¿Cómo pasar de la resistencia defensiva  a las luchas ofensivas? ¿Cómo salir de la cultura de la derrota izquierdista y avanzar hacia a una cultura de triunfos políticos a favor de los de abajo? ¿Cómo ser zapatista en un país donde la mayoría ciudadana se ha desplazado hacía una opción política que, por razones de tiempo y espacio, sintetizamos como un populismo gaseoso y líquido?

Para ser precisos es necesario decir que no es el mejor momento para ser zapatista, ni estamos de moda, ni la correlación de fuerzas nos es favorable, más bien la relación con el enemigo es adversa y asimétrica. Si bien, todos aquí tenemos la claridad de ¿por qué seguir siéndolo? la pregunta central es  ¿Qué tipo de zapatismo debemos construir en nuestro espacio/tiempo, en nuestro aquí y ahora, para la batalla que debemos enfrentar en el mediano y largo tiempo: ¿cómo organizarme y con quién organizarme?

Abrir el corazón a un Nosotros mayoritario

En ese sentido, las propuestas del EZLN pronto a discutirlas en el Encuentro Internacional de Redes en Chispas ya contienen parte de la respuesta y sintetizan el análisis. Me quiero referir aquí a solo dos aspectos de ellas; la primera sobre ampliar la participación del CNI “abrir ya el corazón a las rebeldías y resistencias que emergen y perseveran ese sentido,” (4).  

Me parece correcta y necesaria en el sentido de que oponemos a la forma política liquida una forma política resistente (identitaria) pero con la flexibilidad necesaria para concentrar una mayor fuerza a partir de ampliar la participación de más sujetos sociales a nuestras luchas. Pasar de la limitación sectorial a una forma político organizativa abierta, incluyente y flexible.

En la ciudad de México es urgente dejar de ser sectarios y sectoriales, no solo se trata en lo formal y declarativo llamar a una participación más amplia, sino de entender que en la lucha política importa lo que hace el enemigo y los escenarios cambiantes de la batalla social e importa el lenguaje político con el que trato de comunicarme con mis aliados y con la mayoría social.

Abrir nuestro corazón para recibir, invitar y sumar otras rebeldías es construir un Nosotros más amplio, menos dogmático, ortodoxo y canónico. En el nivel ideológico es aceptar y entender que el sujeto histórico del cambio social ya no es un referente rígido e inamovible, sino un elemento más amplio, diverso e incluyente.

Entender en lo político que el nexo que une rebeldías o el nodo que despliega las resistencias ya no solamente se encuentra en relación a los sujetos mismos, ya no se trata de unificar exclusivamente luchas a partir de construcciones discursivas auto referenciales -(hablar desde y para nosotros mismos)- y de los referentes simbólicos tradicionales –(lideres o caudillos)- sino de crear relaciones vinculantes entre una resistencia con otras a partir de las demandas insatisfechas y acumuladas por la política de espada producida por un Estado canalla.

Debemos invitar a organizarnos a sujetos sociales, no solo a partir de demandas particulares, sino a partir de un mismo sentido de agravio y descontento social. Conectar y establecer nexos entre los Archipiélagos aislados. Ampliamos el horizonte de nuestras rebeldías sí, irradiamos un mismo sentido general de desencanto o insatisfacción desde nuestra forma organizativa (Redes de resistencia y alegría).

Es decir, ese Nosotros -(construcción bloques populares)- es una suma de identidades simbólicas, discursivas y políticas, también una suma de agravios, una  misma cadena de exclusiones, discriminaciones y violencias. Un ejemplo sería la lucha contra la privatización del agua: los afectados -principalmente- son los pueblos comunitarios también las clases populares en las zonas periféricas de las megalópolis y los sectores de clase media urbanos.

La violencia estructural en la ciudad de México es otro ejemplo de esas afectaciones intersectoriales e interclasistas: asaltos y homicidios, feminicidios, trans feminicidios, homicidios de odio, tráficos de órganos, y trata de blanca. En síntesis, si el Estado Criminal promueve y permite una violencia generalizada: ¿por qué las resistencias anticapitalistas tienen que usar tácticas organizativas atomizadas y fragmentadas? Si el Estado capitalista en México promueve una lógica de la diferencia -(atender problemáticas en casillas distintas)-, en contrapunto las resistencias emancipadoras debemos promover una lógica de la vinculación y la confluencia.      

Y aquí, no se trata de volvernos igualmente líquidos, sino seguir siendo izquierda radical, socialista y anticapitalista pero conectados y haciendo bucle con las mayorías ciudadanas; se trata dejar de ser testimoniales y dejar de asumir las múltiples derrotas como algo normal y preestablecido. Ser Zapatista en la ciudad de México, no es aceptar la derrota política como algo normal, sino trabajar para construir victorias políticas e ideológicas a favor de los de abajo y las mayorías populares.

Por ello es necesario dejar la retórica de la coyuntura y de lo inmediato, los malos análisis a destiempo a contra reloj y a destajo, los posicionamientos ineficaces y marginales, que solo consiguen unos cuantos links en las redes.  No seamos tan auto complacientes: una presencia virtual limitada no es hacer política ni de la resistencia y ni de la emancipación. A veces, involuntariamente, en la ciudad de México hacemos lo que nuestros enemigos quieren que hagamos ser marginales, testimoniales y sectarios.

Lo contrario es hacer política disruptiva es decir colocar en el debate público en México aquellos temas que el Estado Mexicano no quiere debatir pero a los zapatistas si nos interesa visibilizar. Por igual, entender que la construcción de la forma organizativa (Redes) se da a partir de esas cadenas de agravios y, lo más difícil e importante, en ganar la batalla del sentido común con las mayorías ciudadanas en múltiples formas y escenarios.

Sobre la construcción de Redes

El segundo aspecto, creo en la posibilidad de la auto crítica y la auto corrección: ser  rebeldes y libertarios no es desconocer nuestros errores; requerimos menos retórica y más ideas de cambio; la red, nuestra red y las redes de apoyo al  CIG, son y tienen que ser más circulares, reticulares y horizontales. Ni verticales ni autoritarios. Sino ser una Red de resistencia y Rebeldía (7) metropolitana anticapitalista y anti patriarcal.

La Red es solo una forma organizativa cuya característica principal debe ser la de funcionar como un enjambre o tropel donde no hay un líder que de ordenes sino es la comunidad de individuos quien decide. Al interior puede haber una división del trabajo político, puede haber incluso una especialización de ese trabajo, pero principalmente todos dependen de todos. Lo que une es el sentido compartido y el trabajo pro común. El sentido de sobre vivencia y de cooperación social. Por ello en la Red no hay un centro cada integrante lo es, cada uno es parte de un mismo proceso y una misma cadena vinculante.

Sobre la propuesta del nombre, no solo se trata de un cambio de nomenclatura; las palabras cuentan, son significados y significantes, el concepto de la Red en términos políticos tiene un significa preciso, en la Red no hay dirigentes, no hay caudillos, no hay representantes: no hay porta voces es el colectivo, los sujetos sociales los que cuentan y se expresan mediante una voluntad colectiva, comunitaria, barrial y ciudadana.

En la Red no es el tiempo de vanguardias, los todólogos y los metodólogos no hacen mucho daño, los protagonismos son insignificantes la grandeza se encuentra en saber escuchar,  en hablar y predicar con el ejemplo, “en bajar no en subir»  en representar y no suplantar,  la posibilidad  de avanzar se encuentra en la medida de empezar a construir en los espacios inmediatos la utopía igualitaria por eso en las Redes no caben las imposturas, no se trata de enseñar sino de acompañar, contribuir y apuntalar.

Red anti patriarcal La Caracola.

En las Redes que nadie hable por las mujeres sino las propias mujeres, que nadie hable por las victimas sino ellas mismas, que nadie represente a los indígenas ni a los de abajo sino acompañarlos en la construcción colectiva de su propio e insustituible sueño emancipador, un mundo plural y abierto a muchos mundos.