La noticia se difunde rápido. Samir Flores fue asesinado este 20 de febrero. Lo fueron a buscar a su casa, en Amilcingo, como a las 5:00 de la mañana. Salió nada más para que le dispararan cuatro veces que quizás no alcanzó a contar porque dos impactos le dieron en la cabeza.
Último episodio de nueve años de agresiones. En septiembre de 2012, el movimiento que se opone al Proyecto Integral Morelos (PIM), se había mantenido acampando en las afueras de la comunidad de Huexca, en Yecapixtla Morelos, para evitar el paso de maquinaria que intentaba irrumpir en ese paraíso de barrancas y campos de cultivo.
No hubo consulta previa, libre e informada; el propio Manifiesto de Impacto Ambiental revelaba la peligrosidad de construir un gasoducto en la zona del volcán; se pretendía invadir tierras sin más y, en conjunto, se violaba toda una gama de derechos…
Inicia un nuevo sexenio en México y un tema olvidado, en la agenda pública oficial, ha sido la libertad de los derechos humanos de periodistas mexicanos. Se fue Enrique Peña Nieto sin resolver ni esclarecer los asesinatos de Rubén Espinoza, Miroslava Breach o Javier Valdés ni de los cientos de asesinatos y desapariciones de comunicadores a lo largo del país.
Por ello el pasado 29 de noviembre del 2018 (en el cumpleaños de Rubén Espinoza) se realizó una protesta simbólica afuera de las instalaciones de la Procuraduría General de la República en la avenida Reforma de la ciudad de México.
El pase de lista de cientos de periodistas asesinados,desaparecidos y desplazados recordó la gravedad y los peligros para ejercer el periodismo en México.
La palabra compartida de desplazados y familiares de la victimas proporcionó una fuerza ética a la exigencia de justicia para esta grave violación a los derechos humanos y a las libertades de expresión. Esa exigencia de justicia por parte de los familiares de las víctimas incluyó al nuevo gobierno.
Cabe señalar que el tema de los asesinatos y desapariciones de periodistas mexicanos fue una ausencia y vacío en el discurso de toma de posición del nuevo Presidente el pasado 1 de diciembre en la Cámara de Diputados. ¿Una señal anticipada de la continuidad de la impunidad y la violencia? o un preámbulo silencioso en la construcción de una política de Estado que atienda estos graves e ignominiosos rezagos.
La historia siempre es un escenario de sorpresas y el actual surguimiento de las huelgas obreras en el norte del país es muestra de ello. El tema poco a poco se ha ido liberando de veto inicial en los grandes medios de comunicación. Frente al silencio y escepticismo de tirios y troyanos, de sectores oficiales e, incluso, de segmentos de las izquierdas sociales. Para la mayoría de mexicanos ha sido una irrupción inesperada. Empero, pese a la fuerza del movimiento y la legitimidad de sus demandas laborales solo algunos colectivos y movimientos afines rápidamente han mostrado un apoyo autentico a los huelguistas.
La sorpresa para los sujetos políticos y medios oficiales de comunicación se explica porque centralizan su atención en el análisis y los diagnósticos en torno de la macro política: el balance del nuevo régimen, las oposiciones a los megaproyectos, el nuevo presupuesto, las tácticas sobre el huachicol, el extravío de los comentaristas oficiales sobre Venezuela, los nuevos casos de corrupción, la teatralidad de las mañaneras.
No hay tiempo para la observación de los movimientos sociales, no hay tiempo para la reflexión de los reclamos ciudadanos tomando en cuenta el marco histórico, el espacio complejo de la geo política. La prisa y la inmediatez es la estupidez política de nuestro tiempo mexicano.
Tanto derechas e izquierdas no tienen tiempo para pensar en los indignados de carne y hueso; en las voces inconformes que gritan justicia. No hay pausa posible para detenerse a reflexionar sobre los malestares sociales y las nuevas configuraciones sociales. No hay tiempo para escuchar nuestra voz individual o colectiva: para escuchar el latido del corazón, lo esencial es invisible a nuestros ojos.
En lo anterior hay una paradoja porque
muchos movimientos sociales, se ubican en la resistencia contra los ataques del
proyecto neo liberal en México pero no pueden pasar de las luchas defensivas a
las luchas ofensivas, de la minoría gregaria a las mayorías incluyentes, de la crítica anticapitalista a la construcción de
referentes alternativos. En ese pragmatismo coyuntural soslayan a estos
movimientos como coyunturales y evanescentes.
Sin embargo, hay un aprendizaje
en todo ello, radica en que las demandas insatisfechas como las laborales en
Matamoros no tienen el tiempo, ni dependen de los colectivos ni resistencias
anticapitalistas organizadas, son autónomas y responden a los procesos sociales
en su propio tiempo y espacio. En ello hay pros y contras, ventajas y
desventajas.
Un aprendizaje mayor tiene
que ver con la loza de pesimismo que hay en los activistas y militantes de los
bloques de las izquierdas sociales en México. Un pesimismo que proviene más del
corazón que de la inteligencia, de una subjetividad herida que de la
posibilidad o imposibilidad de la esperanza. Las huelgas de Matamoros y el
resurgimiento de la lucha feminista también pueden verse como intersticios y
posibilidades para ampliar el camino del avance social a favor de principios laborales.
Como un proceso abierto a derrotas pero también a triunfos políticos. Sí los
obreros salen a las calles se fortalecen los derechos sociales; si las mujeres
se manifiestan la clase política se vuelve obsoleta.
La marcha feminista del pasado 2 de febrero en la ciudad de México fue una sorpresa agradable por la capacidad de auto convocatoria que mostro, evidencio el divorcio entre el discurso de los políticos y las voces ciudadanas inconformes e indignadas. Una vox populi que se propaga como rumor en las marchas de mujeres: la construcción de un tímido y lento sentido común; nos están matando y la única defensa posible es la organización colectiva, la autodefensa ciudadana, la voluntad popular porque a los políticos ya no les duele las víctimas, no nos miran, ni escuchan.
Ambos movimientos son políticamente saludables porque son una bocanada de aire fresco en la vida pública nacional, nos regresan la esperanza en el futuro, la fe en lo imprevisible, porque en un escenario político actual donde las piezas del nuevo poder hegemónico ya están determinadas y los bloques opositores se reconfiguran o desaparecen. Estos movimientos populares y expresiones organizativas de la sociedad civil son los protagonistas que no han sido invitados a historia nacional: las víctimas y sus acompañantes que hoy salen a las calles a gritar justicia son las voces del México real que muestran la ficción de un México inventado por la clase política y los oligopolios mediáticos. Por eso en nuestro país, hoy ser utópicos es ser realistas
Algunos compañeros me han preguntado mi opinión sobre los artículos de Víctor M. Toledo entorno al EZLN, les digo que al único Toledo que he leído es el poeta de la generación de los cincuentas Víctor Toledo, magnifico escritor, editor y traductor de literatura Rusa. Para evitar mi evasión y conocer mi opinión me han enviado un artículo titulado “El esplendor de AMLO y el ocaso del EZLN”. Publicado en La Jornada (1-15-2019).
Desde el título, las metáforas (Sol-Ocaso-) y el léxico que utiliza el autor -(Magia, épica anacrónica, acto estelar, entrega alegórica, lamentos, rabia)- de este texto me parece más propio de una apología literaria decimonónica dentro de la corriente del romanticismo mexicano -(insistía en mi analogía poética)-. Para ser sinceros y directos no me parece que el texto alcance un nivel serio de análisis político e ideológico.
Un análisis político solvente parte de razonamientos concretos, de evidenciar una problematización importante, de un mínimo modelo argumentativo y de conceptos ideológicos claros e inequívocos. El breve texto de este autor es solo una opinión verbal poco informada, donde no usa con exactitud los datos que él proporciona por una falta de rigor u otro motivo.
Su texto está lejos de pertenecer al género del artículo político, más bien es una prosa alegórica sobre su leitmotiv; si Acuña escribió su Nocturno a Rosario: (“¡Pues bien! yo necesito /decirte que te adoro/decirte que te quiero/con todo el corazón; /que es mucho lo que sufro, /que es mucho lo que lloro,) Toledo escribe un diurno a AMLO: “los acontecimientos sitúan al obradorismo como un sol naciente que ofrece esperanza!”
Lo anterior es válido y hay que respetar los demonios literarios o ideológicos de cada quien. Sobre el tema de la ilusión en la política considero que “El peor enemigo del conocimiento no es la ignorancia, es la ilusión del conocimiento”. Pero si, en términos estéticos lo publicado por este autor me parece irrelevante, dentro de una perspectiva política y ética es necesario reflexionar y precisar algunas afirmaciones del ejercicio de prevaricación [1]que Toledo hace en su Diurno a AMLO.
Sobre la narrativa
neoliberal
La
historia se ha acabado.
Francis Fukuyama
No
habrá revolución, es el fin de la utopía
que
viva la bisutería.
J.
Sabina.
Desde el siglo pasado la derecha y las fuerzas conservadoras promovieron la hegemonía de una narrativa neoliberal consistente en el colapso del fin de las ideologías y del socialismo real. Ese final y tránsito a lo posthistórico proclamado por Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia y el último hombre (1992) fue una de las principales fuentes de autoridad académica para la argumentación de esa narrativa.
El politólogo vidente norteamericano se basó en sus interpretaciones en la idea del fin de la historia de Hegel quien afirmaba que después de resolverse las contradicciones existentes en la sociedad se llegaba a el fin del conflicto. La caída del muro de Berlín y el colapso de llamado socialismo confirmaban el inicio y el triunfo del liberalismo. En esa perspectiva se fundamentó el triunfo universal de la utopía neo liberal. Triunfo universal de la democracia formal y del liberalismo económico. Ninguna opción era posible fuera de esa perspectiva, ninguna alternativa podría oponerse a ella.
En realidad ese final de los relatos era un relato más. Nunca una verdad histórica ni científica sino una interpretación más que se convirtió en una metafísica y. en cierta medida, en una visión teleológica de la realidad. Es decir un Dogma de fe. Con un Dios Universal: el mercado.
A contrapelo en 1994 el EZLN,
demostró la ficción de esa meta-narrativa, la inexistencia de un consenso, la
historia no había llegado a su fin, sino, por el contrario, se abría un periodo
de mayor profundización de los conflictos sociales e históricos. El alzamiento
del EZNL en el 94 es, en realidad, el inicio del nuevo siglo y milenio dentro
de los movimientos sociales y las resistencias anti neoliberales.
Fue una ruptura y parteaguas histórico a nivel planetario la influencia y reconocimiento público de ello es innumerable. Las actuales resistencias anticapitalistas y sus posibilidades de emancipación parten del referente zapatista. Se puede estar o no de acuerdo con los límites y alcances de sus proyectos autonómicos, pero no se puede soslayar su contribución notable de abrir una posibilidad real e instrumental de un mundo fuera de la pesadilla neo liberal: un mundo donde quepan muchos mundos.
Además, desde el inicio del ciclo histórico de los gobiernos progresistas de américa latina y del llamado socialismo del siglo veintiuno evidencio más la crisis del modelo universal del liberalismo político y económico, la crisis del proyecto de la globalización neoliberal y la profundización de las contradicciones y los conflictos sociales.
Las predicciones del vidente-politólogo norteamericano fueron desmentidas por la realidad histórica del presente siglo: ni asistimos al fin de la historia, ni al fin de las ideologías. Empero, el enfoque de Toledo para descalificar al EZLN, quedo anclado en esa vieja perspectiva, de la cuál él mismo Fukuyama en su última etapa ha iniciado un proceso de auto crítica e incluso ha aceptado el regreso del socialismo.
Las declaraciones de Toledo sobre el EZNL son un punto de vista mal desarrollado pero se inscriben en ese relato del conservadurismo y las derechas neo liberales. No entiende que el conflicto global actual en el siglo veintiuno se da entre la profundización de la pesadilla neo liberal que incluye su modelo de democracia formal-fósil y las resistencias anti neo liberales y anti capitalistas.
En realidad “la formula político-electoral y la político-militar” señalada por Toledo es un planteamiento propio de la guerra fría en el siglo pasado. Un razonamiento en mucho del discurso mediático: la llamada guerra sucia de los setentas en México más que un alzamiento que postulara la vía política militar, fue un exterminio del Estado mexicano contra los pobres que simplemente reclamaban derechos políticos y derechos sociales. La vía armada fue una forma defensiva a posteriori del terrorismo de Estado no una construcción utópica.
La prevaricación de Toledo consiste en que nunca el EZLN ha planteado una tesis sobre la vía armada a la toma del poder, ni siquiera la toma del poder del Estado. Ni siquiera un abandono de la vía político- electoral, a lo que ha renunciado es a la simulación democrática, al teatro de la política, al ingreso de un sistema electoral auspiciado y controlado por mafias. Por el contrario, desde la Primera Declaración de la Selva Lacandona en el 94 hablaron de “elegir democráticamente a sus autoridades”
En ese posicionamiento el
zapatismo no ha estado nunca solo es el mismo razonamiento que han compartido
diversos intelectuales, periodistas, artistas y académicos. Por ello, cuando se
dice: “nuestros sueños no caben en sus urnas” debe entenderse como una denuncia
de la falsificación democrática, del ejercicio de una democracia fósil o
sencillamente al fraude electoral.
La verdadera propuesta zapatista y de sus aliados en Congreso Indígena es a la organización desde y para los de abajo, ello desde una pluralidad política que reconoce cada quien a sus tiempos y modos: “Votes o no votes, organízate”
Sobre el racismo y la
visión conservadora de Toledo
Una forma de racismo y
discriminación que hay frente a los
pueblos y culturas indígenas es no reconocer los avances, dificultades y
aportaciones de sus propias formas de organización entre ellas las
democráticas. Este autor ofrece un planteamiento falso y cifras inexactas para
afirmar: “Por un lado, el número de votos obtenidos por su candidata en 2018.
Los 200 mil votos recabados, representan menos de 1 por ciento de los recibidos
por el candidato ganador (30 millones)”
En realidad las firmas alcanzadas por Marichuy no fueron 200mil como afirma Toledo, sino, según cifra oficial del INE 281,945, además la falacia consiste en comparar firmas de una candidata independiente con los votos finales del candidato ganador. Son cosas diferentes y cifras relativas, no absolutas.
Si hacemos un ejercicio comparativo correcto entre los filtros democráticos de Marichuy para poder llegar a participar en el proceso electoral y los candidatos de los partidos políticos oficiales a la contienda final entre ellos AMLO, tenemos por un lado que Marichuy llego a ser Vocera pre candidata mediante un proceso de elección interna del CNI, y una ratificación ciudadana expresada mediante más de un cuarto de millón de firmas no apócrifas a diferencia de los “independientes” que llegaron a la boleta final con firmas inauténticas.
Marichuy fue la participante que menos porcentaje tuvo de firmas rechazadas, las que menos auditorias solicito y que mayor porcentaje tuvo entre el número de registros revisados y ratificados. Ejemplo: Margarita Zavala en 10 audiencias reviso 376,870 registros para que le subsanaran 35,103 firmas, por su parte Jaime Rodríguez Calderón solicito 12 audiencias para revisar 392,501 registros y le subsanaron 48,334 firmas. Por el contrario, María de Jesús Patricio Martínez no hizo ninguna trampa ni compra de firmas y en 6 audiencias se revisó: 11,425 registros anulados de los cuáles 8,007. le fueron subsanados.
Ningún candidato independiente mostro esa transparencia en la recolección de firmas y ningún candidato de los partidos oficiales llego a la boleta de la contienda presidencial con esa legitimada y la calidad democrática mostrada por Marichuy, el CIG, CNI y sociedad civil que la acompaño.
La experiencia de Marichuy es un ejemplo de un ejercicio democrático de alta calidad -(ejercicio de democracia formal/representativa, ejercicio de democracia participativa y ejercicio de democracia comunitaria)- que ningún pre candidato oficial o los candidatos ganadores en todos los niveles puede presumir o demostrar.
Además, los representantes de medios de comunicación y el propio INE auditó todos los actos de campaña de Marichuy y ni una mosca de ilegalidad o dinero sucio encontró: ¿Qué partido político o candidato oficial en el pasado proceso electoral puede decir lo mismo señor Toledo? ¿Quién tiene más vocación democrática? ¿Y quién ha demostrado en los hechos más calidad democrática? ¿Qué importa más es un verdadero ejercicio democrático el criterio de calidad o de cantidad?
El ejemplo de auténtica democracia que hizo Marichuy quiere ser soslayado por algunos intelectuales de Estado y opinó logos profesionales porque generó mucha simpatía y adhesión en la sociedad mexicana. El miedo es que en un escenario de igualdad, de no discriminación electoral y en una competencia no controlada por la mafia política y con instituciones sólidas iniciativas como las de esta candidata indígena tienen de un potencial político incalculable.
La propuesta de Marichuy, no es “el huevo de la serpiente” sino la semilla de oro de un verdadero cambio social en México. Un cambio más profundo, radical y autentico que nuestro país necesita. Muchos intereses inconfesables hay para negar y menoscabar dicho proyecto.
Las diatribas viscerales de Víctor
M Toledo no ayudan al verdadero debate intelectual y político sobre la actual
situación mexicana, no ayudan al mismo AMLO, ni contribuye a una verdadera y
necesaria crítica al zapatismo. Es una forma sutil de la propaganda negra que
en redes sociales se ha dado y, lamentablemente, ha hecho eco entre algunos seguidores
del nuevo gobierno, quienes desde afuera de este proyecto atacan con adjetivos
e insultos al EZLN.
Desde luego, existen declaraciones más equilibradas y razonables hacia el zapatismo, que han hablado de “no pelearse con el EZLN” y no justifican la guerra mediática en redes contra este movimiento. Esas voces más equilibradas tienen razón en ese llamado a no desconocer las aportaciones históricas del zapatismo a la lucha neo liberal global.
Porque el principal enemigo de
todo proyecto popular en México no está en las filas del zapatismo sino en la
derecha empresarial, en las fuerzas conservadoras, en los buitres financieros
internacionales y en los sicarios económicos cuyos cabilderos y representantes circulan
en todos los espacios de la clase política.
Debe entenderse que el proyecto
de Marichuy, el CIG, CNI y las iniciativas del EZLN han sido una voz para
visibilizar a los de abajo, a los más pobres y discriminados; una voz para
interpretar la razón y la dignidad nacional, para mostrar al pueblo mexicano el
camino posible de su emancipación. Por eso y sobre todo el zapatismo ha sido un
proyecto firme, vigente y centrípeto mientras que el proyecto ganador que
defiende Toledo es ubicuo, ambiguo y centrífuga y, lo más sustantivo es que, en
realidad, nadie conoce ¿cuál es la brújula que lo orienta?
[1] Utilizó
el término no en el significado jurídico tradicional, sino en el uso de la
teoría lingüística de usar el lenguaje para apelar una realidad no existente.
Texto leído en la mesa 3 del Encuentro Internacional de Redes en Apoyo al Consejo Indígena de Gobierno (CIG) en el Caracol Guadalupe Tepeyac, en la Selva Lacandona, Chiapas. México. diciembre 2018.
Por Vica
Rule
Luchar contra la violencia patriarcal desde nuestros propios espacios.
¿Cómo pasar de la resistencia defensiva a las luchas ofensivas? ¿Cómo salir de la cultura de la derrota izquierdista y avanzar hacia a una cultura de triunfos políticos a favor de los de abajo? ¿Cómo ser zapatista en un país donde la mayoría ciudadana se ha desplazado hacía una opción política que, por razones de tiempo y espacio, sintetizamos como un populismo gaseoso y líquido?
Para
ser precisos es necesario decir que no es el mejor momento para ser zapatista, ni
estamos de moda, ni la correlación de fuerzas nos es favorable, más bien la
relación con el enemigo es adversa y asimétrica. Si bien, todos aquí tenemos la
claridad de ¿por qué seguir siéndolo? la pregunta central es ¿Qué tipo de zapatismo debemos construir en
nuestro espacio/tiempo, en nuestro aquí y ahora, para la batalla que debemos
enfrentar en el mediano y largo tiempo: ¿cómo organizarme y con quién
organizarme?
Abrir
el corazón a un Nosotros mayoritario
En ese
sentido, las propuestas del EZLN pronto a discutirlas en el Encuentro Internacional
de Redes en Chispas ya contienen parte de la respuesta y sintetizan el
análisis. Me quiero referir aquí a solo dos aspectos de ellas; la primera sobre
ampliar la participación del CNI “abrir ya el corazón a las rebeldías y
resistencias que emergen y perseveran ese sentido,” (4).
Me
parece correcta y necesaria en el sentido de que oponemos a la forma política
liquida una forma política resistente (identitaria) pero con la flexibilidad
necesaria para concentrar una mayor fuerza a partir de ampliar la participación
de más sujetos sociales a nuestras luchas. Pasar de la limitación sectorial a
una forma político organizativa abierta, incluyente y flexible.
En la
ciudad de México es urgente dejar de ser sectarios y sectoriales, no solo se
trata en lo formal y declarativo llamar a una participación más amplia, sino de
entender que en la lucha política importa lo que hace el enemigo y los escenarios
cambiantes de la batalla social e importa el lenguaje político con el que trato
de comunicarme con mis aliados y con la mayoría social.
Abrir nuestro corazón para
recibir, invitar y sumar otras rebeldías es construir un Nosotros más amplio, menos dogmático, ortodoxo y canónico. En el
nivel ideológico es aceptar y entender que el sujeto histórico del cambio
social ya no es un referente rígido e inamovible, sino un elemento más amplio,
diverso e incluyente.
Entender en lo político que el nexo que une rebeldías o el nodo que despliega las resistencias ya no solamente se encuentra en relación a los sujetos mismos, ya no se trata de unificar exclusivamente luchas a partir de construcciones discursivas auto referenciales -(hablar desde y para nosotros mismos)- y de los referentes simbólicos tradicionales –(lideres o caudillos)- sino de crear relaciones vinculantes entre una resistencia con otras a partir de las demandas insatisfechas y acumuladas por la política de espada producida por un Estado canalla.
Debemos
invitar a organizarnos a sujetos sociales, no solo a partir de demandas
particulares, sino a partir de un mismo sentido de agravio y descontento
social. Conectar y establecer nexos entre los Archipiélagos aislados.
Ampliamos el horizonte de nuestras rebeldías sí, irradiamos un mismo sentido
general de desencanto o insatisfacción desde nuestra forma organizativa (Redes
de resistencia y alegría).
Es decir, ese Nosotros -(construcción bloques populares)- es una suma de identidades simbólicas, discursivas y políticas, también una suma de agravios, una misma cadena de exclusiones, discriminaciones y violencias. Un ejemplo sería la lucha contra la privatización del agua: los afectados -principalmente- son los pueblos comunitarios también las clases populares en las zonas periféricas de las megalópolis y los sectores de clase media urbanos.
La violencia estructural en la ciudad de México es otro ejemplo de esas afectaciones intersectoriales e interclasistas: asaltos y homicidios, feminicidios, trans feminicidios, homicidios de odio, tráficos de órganos, y trata de blanca. En síntesis, si el Estado Criminal promueve y permite una violencia generalizada: ¿por qué las resistencias anticapitalistas tienen que usar tácticas organizativas atomizadas y fragmentadas? Si el Estado capitalista en México promueve una lógica de la diferencia -(atender problemáticas en casillas distintas)-, en contrapunto las resistencias emancipadoras debemos promover una lógica de la vinculación y la confluencia.
Y aquí, no se trata de volvernos igualmente líquidos, sino seguir siendo izquierda radical, socialista y anticapitalista pero conectados y haciendo bucle con las mayorías ciudadanas; se trata dejar de ser testimoniales y dejar de asumir las múltiples derrotas como algo normal y preestablecido. Ser Zapatista en la ciudad de México, no es aceptar la derrota política como algo normal, sino trabajar para construir victorias políticas e ideológicas a favor de los de abajo y las mayorías populares.
Por
ello es necesario dejar la retórica de la coyuntura y de lo inmediato, los
malos análisis a destiempo a contra reloj y a destajo, los posicionamientos
ineficaces y marginales, que solo consiguen unos cuantos links en las redes. No seamos tan auto complacientes: una
presencia virtual limitada no es hacer política ni de la resistencia y ni de la
emancipación. A veces, involuntariamente, en la ciudad de México hacemos lo que
nuestros enemigos quieren que hagamos ser marginales, testimoniales y sectarios.
Lo contrario es hacer política disruptiva es decir colocar en el debate público en México aquellos temas que el Estado Mexicano no quiere debatir pero a los zapatistas si nos interesa visibilizar. Por igual, entender que la construcción de la forma organizativa (Redes) se da a partir de esas cadenas de agravios y, lo más difícil e importante, en ganar la batalla del sentido común con las mayorías ciudadanas en múltiples formas y escenarios.
Sobre la construcción de Redes
El segundo aspecto, creo en la posibilidad de la auto crítica y la auto corrección: ser rebeldes y libertarios no es desconocer nuestros errores; requerimos menos retórica y más ideas de cambio; la red, nuestra red y las redes de apoyo al CIG, son y tienen que ser más circulares, reticulares y horizontales. Ni verticales ni autoritarios. Sino ser una Red de resistencia y Rebeldía (7) metropolitana anticapitalista y anti patriarcal.
La Red es solo una forma organizativa cuya característica principal debe ser la de funcionar como un enjambre o tropel donde no hay un líder que de ordenes sino es la comunidad de individuos quien decide. Al interior puede haber una división del trabajo político, puede haber incluso una especialización de ese trabajo, pero principalmente todos dependen de todos. Lo que une es el sentido compartido y el trabajo pro común. El sentido de sobre vivencia y de cooperación social. Por ello en la Red no hay un centro cada integrante lo es, cada uno es parte de un mismo proceso y una misma cadena vinculante.
Sobre la propuesta del nombre, no solo se trata de un cambio de nomenclatura; las palabras cuentan, son significados y significantes, el concepto de la Red en términos políticos tiene un significa preciso, en la Red no hay dirigentes, no hay caudillos, no hay representantes: no hay porta voces es el colectivo, los sujetos sociales los que cuentan y se expresan mediante una voluntad colectiva, comunitaria, barrial y ciudadana.
En la Red no es el tiempo de vanguardias, los todólogos y los metodólogos no hacen mucho daño, los protagonismos son insignificantes la grandeza se encuentra en saber escuchar, en hablar y predicar con el ejemplo, “en bajar no en subir» en representar y no suplantar, la posibilidad de avanzar se encuentra en la medida de empezar a construir en los espacios inmediatos la utopía igualitaria por eso en las Redes no caben las imposturas, no se trata de enseñar sino de acompañar, contribuir y apuntalar.
Red anti patriarcal La Caracola.
En las
Redes que nadie hable por las mujeres sino las propias mujeres, que nadie hable
por las victimas sino ellas mismas, que nadie represente a los indígenas ni a los
de abajo sino acompañarlos en la construcción colectiva de su propio e
insustituible sueño emancipador, un mundo plural y abierto a muchos mundos.