Inicia un nuevo sexenio en México y un tema olvidado, en la agenda pública oficial, ha sido la libertad de los derechos humanos de periodistas mexicanos. Se fue Enrique Peña Nieto sin resolver ni esclarecer los asesinatos de Rubén Espinoza, Miroslava Breach o Javier Valdés ni de los cientos de asesinatos y desapariciones de comunicadores a lo largo del país.
Por ello el pasado 29 de noviembre del 2018 (en el cumpleaños de Rubén Espinoza) se realizó una protesta simbólica afuera de las instalaciones de la Procuraduría General de la República en la avenida Reforma de la ciudad de México.
El pase de lista de cientos de periodistas asesinados,desaparecidos y desplazados recordó la gravedad y los peligros para ejercer el periodismo en México.
La palabra compartida de desplazados y familiares de la victimas proporcionó una fuerza ética a la exigencia de justicia para esta grave violación a los derechos humanos y a las libertades de expresión. Esa exigencia de justicia por parte de los familiares de las víctimas incluyó al nuevo gobierno.
Cabe señalar que el tema de los asesinatos y desapariciones de periodistas mexicanos fue una ausencia y vacío en el discurso de toma de posición del nuevo Presidente el pasado 1 de diciembre en la Cámara de Diputados. ¿Una señal anticipada de la continuidad de la impunidad y la violencia? o un preámbulo silencioso en la construcción de una política de Estado que atienda estos graves e ignominiosos rezagos.
